TRABAJADORES EN ESTADO DE ALERTA
La crisis económica del capitalismo y por ende el fracaso del neoliberalismo, sostenido en los pilares de la libre competencia y la mano invisible del mercado, es una amenaza para los trabajadores asalariados y explotados del mundo. Si todavía hoy se recuerda el crack de 1929-1931, por sus hondas repercusiones en la economía global que sacudió al capitalismo, por las que precisamente, pasó a formar parte de los anales de la historia, la crisis económica universal actual, es considerada de mayor profundidad y peores consecuencias que aquella.
Las empresas transnacionales y multinacionales anuncian recortes masivos de puestos de trabajo y miles de trabajadores son puestos en la calle, para engrosar los ejércitos de desocupados que se suman a los altos índices de paro, que ya se registraban antes de empezar a sentirse los efectos de la recesión.
Nuestro país no es ajeno ni está “blindado” para enfrentar esta recesiòn económica como demagógicamente y de manera mentirosa lo ha sostenido el gobierno neoliberal de Álvaro Uribe Vélez. Diferentes sectores de la producción como la industria automotriz, la floricultura, el turismo y el comercio empiezan a registrar grandes pérdidas en sus balances. En Cartagena, tal como lo denunció recientemente la Central Unitaria de Trabajadores CUT, las repercusiones negativas han empezado a sentirse con el despido de cientos de trabajadores, acrecentando la “bomba social” y agudizando los problemas de la ciudad.
El capitalismo salvaje para defender sus intereses, no tiene ningún reparo en reducir la planta trabajadores, sobre quienes recae en primera instancia el peso de la recesión. Pero el sistema explotador, el imperialismo devorador va más allà. Como en la famosa ley del embudo, la plusvalía y apropiación de las utilidades se concentran en pocas manos, mientras que las pérdidas se socializan para que sea la población económicamente activa, es decir los trabajadores quienes contribuyan con su sacrificio de hambre, miseria, y pauperización de sus condiciones de vida, a aliviar la desaceleración de los rendimientos capitalistas.
El gobierno norteamericano desembolsó 700.000 millones de dólares, para subsidiar al sector Bancario y la administración actual anunció subsidios para la industria automotriz y siderúrgica. En Colombia, recientemente los fondos de pensiones y cesantías, por cuenta de la crisis financiera global, perdieron de 60.000 millones de pesos, los cuales obviamente serán descontados de “las cuentas de ahorro individual” de cada uno de los aportantes que aspiran algún día a pensionarse.
Los alfiles del gobierno nacional, entre ellos, Fedesarrollo, (El Tiempo, Abril 5 de 2009) proponen la flexibilidad del salario mínimo, es decir abolir el mandato constitucional de un salario mínimo vital, con el cual subsisten todavía miles de compatriotas y rebajarlo de su tope actual. Por otra parte señalan la abolición de los aportes parafiscales, porque según sus cuentas suman un 60% sobre el salario de los trabajadores, lo que afecta las utilidades del empresariado y por ende tendrían que desaparecer las cajas de compensación familiar, el ICBF, y el SENA.
La tan anhelada jubilación de los trabajadores, hoy una quimera por cuenta del aumento de edad, para acceder a ella, se propuso recientemente que sea compartida. Ni más ni menos que otorgar pensiones inferiores al salario mínimo mensual que hoy impone la ley. Por cuenta de una reforma laboral del actual gobierno, los trabajadores perdimos las horas extras, el reconocimiento y pago de dominicales y los recargos nocturnos. La gran mentira del gobierno de Uribe Vélez, para aplicar esta flexibilización laboral, fue la creación de nuevas fuentes de empleo, lo cual está plenamente demostrado no surtió los efectos “benéficos” pregonados, para arrebatar estos derechos laborales logrados por la lucha y la sangre de los trabajadores. El próximo año, por cuenta del Acto Legislativo de 2005, los regímenes de pensiones especiales y el régimen de transición desaparecerán.
Las pérdidas del capitalismo, por cuenta de su voracidad, son asumidas por los trabajadores. La socialización de las mismas, ya sea recortando los mínimos derechos con que aún contamos los trabajadores o subsidiadas por el Estado, es decir “donde todos ponemos”, ha sido el derrotero arrasador del imperialismo salvaje, en tiempos de bonanza y peor aún en tiempos de crisis.
Por ello hacemos un llamado a los trabajadores a movilizarnos, este 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo, con sus familias, sus vecinos, sus amigos, para hacer sentir la fuerza de los trabajadores y su indeclinable lucha en contra de los opresores, acompañando a la Central Unitaria de Trabajadores CUT, y las demás organizaciones gremiales, sindicales, sociales y políticas que participan de este magno evento, contra el régimen reeleccionista, la seguridad ciudadana, el acuerdo humanitario, el empleo digno y la soberanía nacional.
HERIBERTO PUERTA LEON
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